martes, 16 de diciembre de 2014

90- Adiós, te quiero.

-¿Qué coño...?- murmuró Hayley casi gritando.


-Oh, no- exclamó Louis, que procesó la información más rápido que sus compañeros, y gritó saliendo al pasillo- ¡médico! ¡UN MÉDICO, POR FAVOR!

En menos de cinco segundos llegaron tres médicos y al ver al paciente convulsionándose de aquella manera les echaron de la habitación. Esta vez todo el mundo obedeció sin rechistar, asustados.

-Dios mío...- Em cerró los ojos sin parar de temblar. Era la segunda vez que a Harry le pasaba algo parecido pero esta vez había sido después del coma. Se había asustado muchísimo al verle así, era una escena muy desagradable- ¿y se le pasa algo?- preguntó en voz alta, angustiada.


Nadie supo qué responder pero su prima Belén se acercó a ella y la abrazó muy fuerte. Emma se lo agradeció, justo lo que necesitaba porque en ese momento vio a Anne echarse a llorar y le partió el corazón.

-Harry es fuerte- murmuró Bambi que se le quebró la voz y contuvo las lágrimas. Niall la abrazó y Em notó que a su prima le dolió cuando vio el abrazo.

El bebé Zath rompió a llorar repentinamente. Zayn le cargó el niño a Beth torpemente y la madre empezó a sisearle para intentar tranquilizarle.

-Por curiosidad, ¿a Zath no le ha pasado nada? Ya que ha nacido con ocho meses de embarazo- añadió Marii intentando romper el hielo aunque a nadie se le había pasado el susto. El ambiente se relajó un poquito.

-Ha estado en la incubadora un día pero luego vieron que estaba perfectamente así que no- le respondió Zayn, orgulloso de hacer algo productivo.

El bebé paró de llorar y en el pasillo reinó el silencio.

-¿Se sabe algo de Guiomar?- agregó Eleanor, que en ese momento estaba pegada a su novio Louis.

Todas las miradas convergieron en Emma. La rubia tragó saliva, no se sentía con fuerzas pero, desgraciadamente, nadie intervino para ayudarla. Todos querían saber lo que había ocurrido con ella. Bufó en voz baja y comenzó a relatarles todo desde el principio: les explicó quién eran los hermanos Collins y la mentira que les habían dicho a Marcos sobre que no sabían nada de Raquel desde hacía mucho tiempo.

-Y, por lo que me han dicho, Marcos y el policía Avon partirán mañana a Castle Combe, el pueblo natal de Raquel. Bueno, dentro de unas horas- se corrigió Emma al darse cuenta de que eran las seis y media de la mañana.

-¿Estás segura de que te dijeron eso?- terció su hermano Justin, que estaba al lado de ella sentado en uno de los asientos del hospital, con una mirada insegura.

-Sí- asintió ella aunque dentro de ella estaba algo dudosa- ¿por?

Todos parecían atentos a la conversación menos Nicole, que estaba indignadísima por no haberlo contado antes el motivo por el que la había llamado para investigar el ordenador de Raquel.

-Hace unas horas estaba con Helena- le informó éste, que parecía debatir en su interior si contárselo o no- y Cassandra le ha dicho que Marcos se había ido de viaje con un chico sin haberle dicho adónde se iba.

Emma abrió la boca para murmurar palabrotas pero se contuvo al ver a sus dos hermanas pequeñas y sus padres, que estaban al margen de todo esto.

-¡No me lo puedo creer!- exclamó Hayley en lugar de Emma.

-Qué capullo- musitó Nicole despectivamente- dame su número.

-Ya le llamaré yo- dijo Em tratando de evitar la furia de la prima de Guiomar. Marcó su número en presencia de todos y saltó el contestador- joder- blasfemó.


~~~


Marcos guardó su pantalón en el bolsillo trasero de sus vaqueros, caminó rápidamente y haciendo el menor ruido posible. Guiomar gritó su nombre sin poder evitarlo.

-¡Marcos!- chilló con una voz cargada de angustia y sorpresa. Marcos la chistó, llevándose el dedo índice a los labios y Guiomar susurró- oh Dios mío, Marcos...- rompió a llorar silenciosamente, sin parar de mirar al chico que tenía en frente.

El chico le devolvió la mirada intensamente y se acercó a ella. Le tocó un brazo desnudo y sintió un escalofrío: hacía tanto tiempo que deseaba encontrarla y ya la tenía delante de él...

-Me duele la muñeca...- siseó dolorosamente Guiomar y Marcos empezó a reaccionar. Se interpuso detrás de la chica y empezó a desatar los nudos con suma dificultad: estaban apretadísimos- ¿cómo me has encontrado?- repuso sin parar de llorar. Tenía la voz dañada y afónica.

-Te lo contaré después, cuando ambos estemos a salvo- le dijo él entredientes, que seguía intentando desasirle los nudos de varios cotes- ¿estás bien? ¿Has sufrido algún daño?

-Elisabeth está muerta- le susurró ella como sintiéndose culpable. Gimió un poco cuando Marcos se deshizo con fuerza un nudo- la he visto morirse.

-Lo sé, lo sé. Toda esta pesadilla acabará, te lo juro- le dijo éste al borde de la histeria. Simplemente tenía ganas de abrazarla pero la idea no era muy buena sabiendo que Raquel estaba en el piso de arriba. Le preocupaba que el policía Avon tardara tanto.

-¿Estarás conmigo?

-Siempre.

-Prométeme que saldremos vivos y estaremos bien- pidió Guiomar con los ojos anegados en lágrimas.

Marcos dudó. No quería hacerle ilusiones pero, finalmente, lo hizo.

-Te lo prometo.

Por fin soltó el último nudo y Guiomar pudo mover los brazos. Se puso inmediatamente de pie y se lanzó a los brazos de Marcos, abrazándole fuertemente. Marcos la abrazó también pero, desgraciadamente, se tuvo que soltar de ella después de dos segundos de abrazo.

-Te quiero- declaró Guiomar en el peor momento. Marcos se quedó petrificado y miró a la muchacha- te quiero por esto. Lo siento mucho pero tenía que decirlo, no puedo creer que hayas venido a buscarme.


Marcos la besó en los labios fugazmente. Guiomar sonrió y tomó impulso para besarle de nuevo. Marcos suspiró, aliviado, esta vez Guiomar no le había rechazado.

Había pasado casi dos años de su primer y último beso. Guiomar rehusó cuando la besó por primera vez y  Marcos, disgustadísimo, buscó consuelo en alguna otra chica y encontró a Bella.

Cuántas cosas habían pasado desde entonces.

-Vamos, tenemos que salir de aquí y llamar a la policía- indicó Marcos, separándose de ella a regañadientes. Le tomó la mano.

-Raquel está en casa. Arriba- detalló ella sin parar de murmurar en voz baja- ¿has venido tú solo?

-No- negó éste dirigiéndose a la puerta. Se dio la vuelta y se sorprendió al ver que Guiomar estaba clavada en el mismo sitio, de pie- ¿qué haces ahí parada?

-No puedo andar...- se lamentó ella aún con lágrimas surcadas en la mejilla. Marcos retrocedió y de repente algo horrible ocurrió.

El teléfono de Marcos empezó a sonar ruidosamente. El joven maldijo sin controlar su rabia y apagó el teléfono. Acto seguido tomó a Guiomar en sus brazos y se aproximó a la puerta que daba las escaleras pero escucharon un disparo procedente del piso superior. Guiomar gritó, asustada.

-¡Escóndete!- gritó Marcos inmediatamente cuando escuchó pasos en las escaleras pero fue inútil: no había ningún escondrijo.

Raquel Carrington entró en el sótano con una pistola en mano y la frente sudada. Incontroladamente, Marcos se interpuso delante de Guiomar para protegerla.

-Sepárate de ella- le indicó Raquel con una voz sorprendentemente tranquila y suave.

-Demente- masculló Marcos lo suficientemente alto para que la chica le oyera.

-O te separas de ella o...- acto seguido levantó la pistola y apuntó hacia ellos. Ambos se acongojaron- Guiomar sufrirá las consecuencias- comentó con una mirada estremecedora. Marcos nunca pensó que el dulce rostro de Raquel pudiera dar miedo.
 
Marcos miró a Guiomar y ésta asintió para tranquilizarle. Le dolió fervientemente el corazón cuando se tuvo que alejar de ella y ponerse en la otra esquina del subterráneo. Advirtió que la mano de Raquel temblaba.

-Deja tu pistola en el suelo- le indicó ésta sin mostrar nerviosismo aunque la mano la delataba. Guiomar gimió.

-No tengo pistola- declaró Marcos alzando ambas manos en señal de inocencia. Pero no la convenció lo más mínimo.

-Tu compañero policía tenía una pistola y soy lo suficientemente inteligente para deducir que tú también- apuntó de nuevo a Guiomar y puso un dedo en la cola del disparador para indicarle a Marcos que se atrevía a disparar.

Sin dudar ni un segundo, Marcos sacó la pistola que le prestó el policía Avon hacía menos de veinte minutos del bolsillo trasero de sus vaqueros y lo dejó en el suelo. Se irguió de nuevo y miró fijamente a Raquel pero ella le evitó.

-¿Y ahora qué hago contigo?- murmuró ésta dejando mostrar su rabia- y encima te traes a un policía.

-¿Qué le has hecho?- exclamó él un poco preocupado por su compañero- ¿dónde está?

Raquel mostró una sonrisa que hizo pensar a Marcos que no presagiaba nada bueno y sacó otra pistola del bolsillo de su sudadera, Marcos la reconoció al instante: era la del policía Avon. La chica se dirigió a las escaleras sin echar la vista atrás y sin parar de apuntar a Guiomar. Recogió algo en la oscuridad de las escaleras y tiró de él. Era el cuerpo del policía Avon.

-¡¿Le has matado?!- gritó Guiomar con la voz asustada. A Marcos le entraron unas ganas terribles de abrazarla.

-¡No!

Todo ocurrió tan rápido. El policía Avon se incorporó a pesar de que tenía una pierna herida a causa del disparo que le había atestado la chica y Raquel retrocedió unos pasos, asustada; estaba claro que pensaba que estaba muerto. Apuntó al policía con la pistola y éste hizo lo mismo, sacando la suya del bolsillo del pantalón policía. Raquel se sorprendió por segunda vez, era obvio que no sabía que el policía tenía dos pistolas. A su vez, Marcos recogió su pistola del suelo y apuntó también a Raquel.

La chica se había quedado sin escapatoria. Dos chicos contra una.

-Maldita sea- maldijo la chica con una chispa de ira en sus ojos. Alzó las manos en señal de derrota y apuntó al techo.

Guiomar rompió a llorar. Marcos no sabía si de la emoción o del susto.

-Tranquila- le dijo éste- estamos bien. Estarás bien- Marcos vio que el policía apuntaba hacia Raquel y bajó el guardia. Se dirigió donde estaba Guiomar.

Nadie se esperaba lo que iba a hacer la joven Raquel Carrington. La muchacha cambió de blanco y apuntó hacia Marcos. El policía Avon reaccionó deprisa y la disparó pero la muchacha fue más rápida.

Una bala atravesó al costado de Marcos. El chico no gritó, sólo abrió los ojos como platos del impacto y se desplomó al suelo como un juguete. Guiomar emitió un grito desgarrador y se llevó las manos a la boca al ver aquella escena horrible. Después corrió hacia él sin hacer caso al dolor inminente de su tobillo.


~~~

Belén y Marii se separaron del grupo y bajaron a la cafetería. Belén no soportaba seguir viendo a su prima así, enfadada y triste, y saber que ella no podía hacer nada.

‘No sé porqué Harry se ha puesto así’- le signó Marii a Belén, mientras salían del ascensor, ya que ella estudiaba medicina- ‘parecía como si se ahogara’

Belén no dijo nada, aquello le parecía desagradable para ser un tema de conversación. Se limitó a mirar la pequeña foto en la que salía con su prima cuando ella tenía 16 y Emma 15, ambas montadas en motos naranjas. Se acordaba a la perfección de aquel día; estaban en España, país natal de Belén. La había guardado durante todo estos años en su cartera. Entraron a la cafetería y se encontraron con Justin y Helena.

‘Hola primo’- le saludó la rubia con una sonrisa y se sentó con ellos. Había visto a su novia un par de veces pero nunca había hablado directamente con ella- ‘¿has venido aquí?’- le preguntó esta vez a Helena.

La muchacha asintió e, involuntariamente, abrazó a su novio para demostrarle lo mucho que lo sentía. Éste le devolvió el abrazo con cariño; cerró los ojos y se limitó a sentir el calor que irradiaba la chica. Al cabo de treinta segundos, ambos se separaron y Justin se sintió peor.

‘No debería haber dicho nada. Mi hermana está devastada’- se autoculpó el chico, triste, claramente refiriéndose a la "misión" de Marcos y el policía Avon.

‘No es tu culpa...’- Marii se interrumpió al ver algo detrás del hombro de Belén. Apartó la vista y sonrió.

Belén frunció el cejo: conocía a la perfección a su mejor amiga. Volteó la cabeza y de pronto supo a quién miraba Marii. Se arrepintió de haberse dado la vuelta.

Niall, Liam y Bambi, en el medio de ambos muchachos, entraron a la estancia, provocando un gran murmullo en la gente. Cuando Belén se volvió Niall reparó en ella.

-No entiendo porqué los doctores no nos quieren decir nada- protestó Bambi con la voz cargada de ira. Al darse cuenta de que ninguno de sus amigos la contestaban, les miró. Liam y Niall estaban mirando a la mesa donde se situaban Marii, Belén, Helena y Justin- qué par de tontos- dijo ella rodando los ojos.

Liam desconectó oficialmente cuando vio el rostro de Marii. Apenas habían hablado desde que volvió a Estados Unidos y sabía que pronto la chica tenía que regresar, pero no quedaba nada para verano... La verdad era que cuando la vio después de casi siete meses se quedó anonadado: había cambiado muchísimo. Se le marcaron más los pómulos, se había vuelto más morena, tenía la melena larguísima y, aunque le costaba admitirlo, estaba más sexy. Aunque siempre que podía trataba de olvidarla ya que jamás habían tenido una relación, ni siquiera se habían besado.

Sintió una dolorosa punzada en el corazón al acordarse de su "casi-beso". Le interrumpieron la peor llamada telefónica de su vida: cuando le informaron el fallecimiento de Anna. Algunas noches soñaba con Anna y otras veces con Marii y se sentía tremendamente culpable por su indecisión. Amaba a las dos chicas imposibles, una que vivía a miles de kilómetros y la otra estaba muerta.

Se admiró de Niall cuando su amigo se acercó a Belén. Vio cómo la rubia enrojecía y no sabía qué decir cuando Niall le pidió hablar un momento a solas. Cuando eso ocurría, Marii le miró pero al darse cuenta de que él también la miraba apartó la mirada, avergonzada.

Belén se levantó de la silla con el rostro nervioso. Miró a Justin y a Marii a modo de disculpa y salió de la cafetería junto con Niall.

Bambi, que estaba al lado de Liam, avanzó varios pasos hasta llegar a ellos. A continuación, les sonrió y se sentó en una silla libre.

-Ven, Liam- citó Bambi señalando a una silla vacía, al lado de Marii. Liam maldijo por lo bajo a su amiga pelirroja y se sentó.

-¿Os han dicho algo acerca de Harry?- les preguntó Marii, incómoda. Se revolvió del asiento disimuladamente.

-Nada. Anne está muy angustiada- le respondió Liam- y Emma también- bufó.

Helena mostró un rostro adusto con una  mano en la barbilla.

-Cuando entré al hospital me alcanzaron unas fans y...

-Oye, oye, oye- le interrumpió Liam con el entrecejo fruncido- ¿cómo que te alcanzaron unas fans?

-¿No lo sabes?- dijo Justin en respuesta, con la boca abierta.

Marii, Bambi y Liam negaron con la cabeza.

-Todo Dios sabe que Harry se hospeda aquí- les explicó el hermano de Emma sin dejar de estar serio- y muchísimas personas están en la puerta del hospital. Pero los guardias han intentado controlar a la muchedumbre y sólo puedes entrar al hospital si tienes permiso.

-Madre mía- suspiró el cantante con los ojos como platos. Hacía varios días que no se conectaba a la red y, por tanto, no tenía ni idea del mundo exterior- parece que hace años que no salimos de este maldito hospital.

-Ni que lo digas- concordó Marii.

-A lo que iba- retomó Helena la conversación- quería pediros que anunciéis en Twitter algo. No habéis visto los rostros de las directioners. No sé quién está más destrozada, si una de esas directioners o Emma- dijo como ejemplo.

Liam bajó cabeza y torció el labio para arriba.



~~~

Robin, Des, Anne, Gemma, Emma, Louis, Zayn y Hayley se encontraban en el pasillo cuando un doctor salió de la habitación de Harry, que durante todo este tiempo había estado cerrada. Todos se levantaron de sus asientos de un salto y se acercaron a trompicones al señor.

-Está en un estado bastante crítico. Tiene una hemorragia interna debido al aceleramiento del corazón- les explicó el doctor con pausas bastante largas, Emma se tapó la boca con ambas manos y empezó a llorar; Hayley la abrazó- lo único que podemos hacer ahora es rezar para que se despierte.

-¿Y si no lo hace, doctor?- repuso Anne con lágrimas en los ojos.

El señor parecía algo incómodo. Observó los rostros tristes de los amigos y familiares de su paciente.

-Pues me temo que morirá.

Era lo mismo que le habían dicho a Anne hacía tres días. La madre se echó a llorar, derrumbándose por completo. Emma intentó no hacerlo pero no le quedaban las fuerzas suficientes para no caerse y desconectar del mundo.

jueves, 13 de noviembre de 2014

89- En acción.

Belén removió con la cucharilla el café. Llevaba así media hora por lo que seguramente el café estaba frío pero no le importaba, sólo pensaba en Niall.

Antes había visto a su prima pasar por la cafetería para pedir un café pero no quiso molestarla, se la veía algo decaída y seguramente quería estar sola. Además, quería vigilar un poco a Niall...

El muchacho estaba a dos mesas más a la derecha de la cafetería del hospital donde Harry había sido hospitalizado. Él estaba tomando también un café y charlaba animadamente con Bambi, esa pelirroja tan “dulce” que no le caía nada bien pero por más que buscó y rebuscó una excusa para odiarla no lo encontró. Era tan bondadosa y tierna que resultaba imposible aborrecerla.

A Bambi y Louis le tocaban hoy la “ronda” de por la noche para cuidar de Harry así que entendía que la pelirroja merodeara por el hospital pero... ¿Y Niall? Sólo se había quedado para hablar con Bambi, y eso le molestaba.

Sabía que se estaba comportando de una manera celosa e infantil y que, además, no estaba en su derecho de comportarse así. Fue Belén la que dejó a Niall después de varios meses de noviazgo. Ella fue la que puso el punto final a la relación aunque nunca dejó de quererle. Se había dado cuenta de que haber dejado a Niall fue la peor decisión que había tomado en su vida. Había actuado de una manera tan pueril e ingenua... Sólo quería lo mejor para ambos pero... ¿Para qué engañarse? Seguía amando a Niall y por eso la rompió el corazón cuando pilló a Niall y Bambi tan juntos el otro día.


Pero no le culpaba. Ni siquiera estaba enfadada y comprendía a la perfección que Niall hubiera pasado página y se enamorara de Bambi. Pero le dolía verlos y no podía evitar un ataque de celos y tristeza.

Apartó instantáneamente aquel pensamiento cuando vio a Niall levantándose de la silla. Unos segundos más tarde Bambi hizo lo mismo. Vio que la pelirroja se reía y cogía el café de Niall para tirarlo a la basura.

Mientras Bambi iba a tirar el vaso de plástico Niall esquivó mesas y sillas hasta quedar enfrente de Belén.

“Hey. Me voy a casa, ¿te llevo?”

Belén dormía en casa de Marii. Su amiga le había pedido al director un poco más de tiempo para quedarse en España y le dieron una semana más.

“No hace falta, gracias”- le respondió Belén intentando sonreír. No quería causarle molestias después de lo que ella le había hecho- “ya iré yo sola en metro”

“¿A estas horas? Son las once, Belén, es peligroso”- le dijo Niall, preocupado por el bienestar de Belén. Tenía el ceño fruncido y los labios de color blanco. Belén no pudo eludir la alegría que crecía en su interior al ver a Niall preocupado. Pero pronto se desvaneció al ver a Bambi situarse al lado de su ex novio.

“¿Tú tampoco te has bebido el café?”- le preguntó ella con una risita dulce. Ella negó graciosamente con la cabeza como diciendo "¿tan malo está el café del hospital?"- “bueno, tengo que ir a cuidar de Harry ahora”

Los tres salieron de la cafetería mientras Niall insistía en llevarla a casa y Belén se negaba. Cuando llegaron al hall del hospital se encontraron con Allanah. Estaba llorando.

-¡Qué bien que os haya encontrado!- chilló ésta al localizarles y se acercó corriendo. Niall, Bambi y Belén la miraron extrañados- ¡Harry se ha despertado!


~~~



Thomas estaba sentado en la cama de Nicole de la casa de Guiomar. Se sentó con formalidad y con los pies en el suelo. No se quitó los zapatos ni descruzó las piernas para dar buena imagen.

-He encontrado macarrones precocinados- comentó Nicole con alegría entrando a la habitación y enseñando a Thomas el paquete de macarrones que acababa de calentar en el microondas.

-No hace falta, cenaré en mi casa- le respondió Thomas con un ademán con la mano y levantándose de la cama.

-No, no. Me gusta que me hagas compañía- suplicó Nicole tumbándose en la cama bocabajo. Thomas sonrió y se sentó donde estaba antes.

La chica abrió el envoltorio de los macarrones y ambos empezaron a comer. Nicole estaba muy sola últimamente. En casa sólo estaban los padres de Guiomar y, desde luego, no era ningún consuelo. Thomas intentaba pasar el mayor tiempo posible para animarla. Cuando se terminaron los macarrones, Nicole dejó el paquete a un lado y miró a Thomas. Éste, para quedar enfrente de ella, se puso de cuclillas en el suelo.

-Me ha molestado un poco lo que hizo Emma esta tarde- empezó Nicole de repente.

-¿Sí? ¿Qué se supone que ha hecho?- le interrogó Thomas, como siempre, inocentemente. Nicole le dirigió una mirada de sorpresa.

-Emma nos ha utilizado, ¿no te das cuenta? Nos llamó para ayudarla con lo de Raquel pero ella no nos cuenta nada- le dijo ella un poco triste mientras jugueteaba con un hilo rojo que había encontrado por ahí.

-¿Qué quieres decir?- preguntó Thomas con un tono conciliador- Ella nos contó que sospechaba de Raquel y que quería investigar- rebatió Thomas en desacuerdo- además, si mal no recuerdo, nos llamó porque confía en nosotros. Y porque eres la prima de Guiomar y estás en derecho a saberlo.

-¡Precisamente por eso! Ella nos contó todo lo que sospechaba pero no cuenta con nosotros cuando trama algo con Marcos. Sé que él y ella están buscando pistas para encontrarla pero, claro, a nosotros no nos lo cuentan.

-No nos lo habrán dicho por algo, Nicole. Cuanta más gente lo sepa peor será porque los policías nos podrían descubrir. Además, la defraudamos cuando contamos a la policía lo de los mensajes anónimos. Y no se enfadó con nosotros, eso es que confía en nosotros- arguyó el muchacho para borrar aquel pensamiento de la mente de Nicole.

-¡Pero porque nos presionó! No es nuestra culpa que nos obligara a contárselo.

-Pues por eso mismo no se lo cuenta a nadie. Para que no nos obliguen- le respondió Thomas inteligentemente.

Nicole suspiró y tiró el hilo rojo al suelo. Acto seguido se levantó, obligando a Thomas a apartarse del suelo, y se dirigió a su tocador. Se desmaquilló y se deshizo de las trenzas que tenía en el pelo. Esa era una de las muchas ventajas de salir con Thomas, a él no le importaba su aspecto. Con otros chicos, Nicole jamás se hubiera desmaquillado.

-Tienes razón- dijo ella finalmente mirándose en el espejo del tocador. Acto seguido se sentó en la cama de nuevo y Thomas hizo lo mismo, quedando enfrente de ella.

-Creo que es la primera vez que admites algo- murmuró Thomas algo bromista.

-Ja, me parto- dijo Nicole en respuesta.

Pero acto seguido ambos se rieron a carcajadas lo que le desquitó la rabia que tenía Nicole encima. Cuando la risa de ambos se apagó, se miraron entre ellos. Nicole observó a Thomas intensamente. Tenía que admitir que era un chico muy guapo y atractivo. Le puso las dos manos en cada mejilla de Thomas y le acarició suavemente mientras se acercaba.

Thomas empezó a temblar. Jamás había tenido una relación tan seria como la que tenía con Nicole. Había besado anteriormente a chicas, sí, pero no tan en profundidad como había besado a Nicole. Además se ponía nervioso cada vez que se besaban porque, en fin, Nicole era Nicole y tenía más experiencia que ninguna.

Empezó a oírse la canción Holding on and letting go.

-¡Es mi móvil!- gritó Nicole apartándose rápidamente de Thomas y rodó sobre la cama para alcanzar el aparato. Sin mirar el emisor de la llamada descolgó.

-¿Sí?

Hubo unos segundos de silencio. Nicole miró a Thomas con extrañeza. Probó de nuevo.

-¿Diga? ¿Quién es?

-Perdona, Nicole. ¡Soy Bambi!

-Hola. ¿Ha pasado algo?

Escuchó un par de ruidos de fondo. Parecía que alguien vitoreaba y gritaba.

-¡Harry ya no está en coma! ¡¡Ha despertado!!- anunció.


~~~



Marcos y el policía Avon ya habían emprendido el viaje hacía dos horas y media. Les quedaba menos de la mitad aproximadamente.

Marcos era el que conducía. El policía se limitaba a mirar por la ventana. La noche se cernía sobre ellos en mitad de una carretera media abandonada, que llevaba al pueblo Castle Combe.

Se sentía un poco mal por haber mentido a Emma. Le dijo que iban a iniciar el viaje al día siguiente pero dada las circunstancias, ambos decidieron ir hoy.

-Pon música, anda- propuso el policía Avon cambiando de postura por undécima vez en el asiento de copiloto.

Marcos rodó los ojos, irritado, y encendió la radio. Menos mal que echaban música alegre...

El policía Avon le caía muy bien pero a veces le exasperaba el optimismo y tranquilidad que él emanaba. Se lo tomaba todo con suma serenidad y calma, incluso al enterarse del engaño de Chloe. Jamás había conocido a un policía tan alegre, pues normalmente todos los agentes son serios y algunos un poco cabrones, como Charlie, el ex novio de Guiomar.

-¿Crees que Chloe Collins está ayudando a Raquel Carrington?- le preguntó él en tono detective.

-No sé si ella está metida en este lío. Si lo está, una pena, se ha autodestruido la vida. Puede que su hermano, Harry Collins, también tenga algo que ver con esto- murmuró Marcos sin soltar las manos del volante. Tomó una curva algo peligrosa.

-Mmmmmmh, quizás tengas razón. O quizás no- calumnió él con un dedo en la barbilla. Tenía un aire pensativo.

Marcos aparcó el coche una hora y media después. Habían llegado al pequeño pueblo. Profesor y policía salieron del coche.

-Son las dos... ¿Crees que es hora de despertar a Chloe?- susurró el señor Avon en medio de la oscuridad. Marcos, a su lado, dio un paso y musitó también:

-Por supuesto.

Los dos se adentraron a un callejón oscuro donde los llevaba a la casa de Chloe y Harry. El atajo no era muy largo por lo que llegaron al cabo de dos minutos. Al salir de la senda distinguieron fácilmente el chalet de los Collins. Marcos fue el primero que tomó las riendas y llamó al timbre.

-¡Tío!- gritó el señor Avon susurrando a la vez que le daba un suave golpe en la mano de Marcos- ¿y si abren los padres de Chloe? Estaremos cagados, literalmente.

Pero al policía no le dio tiempo a murmurar más protestas. La puerta se abrió con brusquedad y pudieron advertir a una Chloe asustada.

-¿Qué queréis?- farfulló ella mirando alternativamente a Marcos y el señor Avon. Se la notaba nerviosa.

Detrás de ella salió una figura masculina. Marcos le reconoció en seguida: Harry.

-Gracias por nada. ¿Qué significa esto?- le contestó él de la misma manera. Chloe ni se inmutó: esperaba oír algo parecido.


~~~


-¡Harry se ha despertado! ¡¡Se está moviendo!!

Las piernas le temblaban y no sabía que hacer. Se le puso la piel de gallina y todos los sentimientos de Emma se afloraron. No sabía que sentir, estaba metida en una burbuja, como si estuvieran en una ensoñación. Le dolía fervientemente el corazón y parecía que de un momento a otro se le iba a explotar.

Se sentía mareada. Anne entró en la habitación al momento y Em y Allanah les pisaron los talones.

Vio cada uno de los movimientos de Harry. El muchacho frunció las cejas y soltó un gruñido, como si le doliera. Aún no había abierto los ojos. Movió una mano y se tocó la cabeza, concretamente, en la brecha que le habían cosido días atrás. En ese momento abrió los ojos y Emma pudo contemplar cómo los ojos verdes de Harry estaban más brillantes que nunca.

Emma soltó un gemido incontrolable y empezó a llorar de alegría. Anne se lanzó a los brazos de su hijo.

-Harry...

El joven miró a la chica que le estaba abrazando con ceño, como si no supiera qué estaba ocurriendo en ese momento. Tenía los ojos entrecerrados y preguntó, con la voz ronca:

-Mamá... ¿Qué estoy haciendo aquí?

Anne no le contestó, se limitó a abrazar aún más fuerte a su hijo. Entonces, los ojos de Harry se movieron y miró a Allanah, que lloraba silenciosamente, y después su mirada se posó en Emma y mostró su más centelleante sonrisa.

-Emma.

A Emma se le paró el corazón o se le aceleró. No sabía cuál. Soltó otro sollozo, éste menos ruidoso, y cuando Anne soltó a su hijo Em le abrazó.

Olió de lleno el aroma de Harry. Olía a hospital y a sudor pero a Emma no le importaba. Sólo podía pensar en que él había despertado. Él estaba vivo. Él estaba bien. Se apretó más a Harry y descansó su cabeza en el cuello de éste, de manera que el olor de Harry le inundó la nariz. Notó que Harry la separaba de él y Em obedeció al instante. Creyó que le había hecho daño pero cuando le soltó Harry miraba a Emma y a su madre con incredulidad.

-¿Qué ha pasado? ¿Por qué siento que me he dormido durante una semana?

-Pues porque te has dormido durante una semana- le respondió Allanah dándole un abrazo. Harry se la devolvió algo torpe.

-¿Qué?

Las tres chicas se miraron entre sí.

-Voy a avisar a todos de que Harry se ha despertado- anunció Allanah, marchándose de la habitación para darles a ambas un poco de privacidad.

~~~


-¿Habéis visto mis chats?- preguntó Chloe. Parecía más atónita que asustada.

-Técnicamente, los chats de Raquel- contestó el profesor Avon con su habitual sarcasmo. Carraspeó al notar la ceja alzada de Marcos y prosiguió- creo que nos merecemos una buena explicación.

-¿Están vuestros padres en casa?- interrogó Marcos.

Los dos hermanos se miraron, más asustados que antes. Harry abrió más la puerta y les dejó pasar. Les guió al salón, como había hecho su hermana hacía unos pocos días. Chloe les siguió.

-No están en casa. ¿Y qué quieren decir con Gracias por nada?- interpeló Harry con el semblante preocupado.

Marcos y el señor Avon se sorprendieron: Harry no sabía nada de esto. O quizás estaba mintiendo. Harry le lanzó una mirada enfadada a su hermana y la obligó a explicarse con un asentimiento de la cabeza.

-No sé porqué me dijo eso, de verdad- confesó Chloe finalmente.

-Mientes. Raquel te había dicho eso por algún motivo, ¿le has ayudado en algo? Porque si lo es, has cometido un delito. Y si nos mientes y nos enteramos después te caerán más años de cárcel- respondió Marcos fríamente. No quería ser tan duro con ella pero le dolía haberle mentido a la cara tan descaradamente cuando sabía que Guiomar estaba en peligro.


Chloe empezó a morderse las uñas al borde de las lágrimas. Parecía una niña asustada. Miró a su hermano, como pidiendo disculpas por haberle defraudado, y después apuntó hacia Marcos.

-No la he ayudado. Pero es cierto que te mentí- declaró ella con lentitud. Escogía cuidadosamente las palabras. Harry se acercó más a su hermana y le puso una mano en el hombro para indicarle que pasara lo que pasara iba a estar a su lado- sí hablé con Raquel. Hace quince días me mandó un mensaje y...
 
-Eso ya lo sabemos- interrumpió Marcos bruscamente. Chloe le miró algo asustada y Harry le miró indignado.

-Eh, si quieres saber algo ten al menos un poco de respeto. Estás en mi casa- gruñó.

Al señor Avon se le escapó una pequeña risita dada la situación.

-Perdón Chloe... ¿Puedes ir al grano?- le pidió el profesor haciendo caso omiso al comentario hiriente del muchacho.

-Hace un mes, creo que algo menos de un mes...- añadió pensativa- No me acuerdo- dijo ella tras tartamudear un poco. Marcos se impacientaba cada vez más- vino aquí, en Castle Combe.

-¿Qué?- masculló su hermano, casi gritando.

-¡¿Aquí?!- chilló Marcos estupefacto. Su mandíbula casi tocaba el suelo.

-A ver, a ver, dices que Raquel Carrington vino en persona aquí, ¿no?- le interrogó el policía civilizadamente y con tranquilidad. La chica tragó saliva y asintió levemente- ¿y fue a verte?

-Sí. No quería que nadie supiera que había venido a verme- le explicó ella- al principio no la entendí pero acepté. Ahora todo tiene sentido.

Harry se había quedado totalmente a cuadros. Le había ofendido un poco que su hermana se haya guardado el secreto y había omitido contárselo.

-¿Y...? ¿Para qué fue a verte?- quiso saber Marcos al borde la histeria.

-Me pidió las llaves de mi casa de Liverpool.

-Un momento, ¿tienes una casa en Liverpool?- preguntó el policía Avon sin parar de escribir en una libreta.

-Sí, es de nuestros padres en realidad- respondió Harry con voz grave- ¿pero por qué te las pidió?- esta vez se dirigió a Chloe.

-No lo sé. Me negué a dárselas y ella se fue, muy cabreada. Al cabo de dos horas volvió de nuevo y me suplicó que le diera las llaves de mi casa de Liverpool. Pero me opuse de nuevo- reveló Chloe algo aliviada por quitar el gran peso que llevaba encima.

-¿Y por eso te dijo gracias por nada?- inquirió Marcos, insistiendo- ¿porque no la ayudaste?

-Sí.

Harry suspiró calmadamente, se dejó caer en el sofá y empezó a tocarse el pelo, el policía Avon no paraba de escribir en su bloc y Marcos frunció el ceño, observando a Chloe: había algo que no encajaba.

-Si todo eso es verdad... ¿Por qué me lo has ocultado? No has hecho nada grave: te has opuesto ante ella y no le has dado las llaves que te había pedido- recitó todo él de golpe. Harry dejó de tocarse el pelo y miró acusadoramente a Chloe y el señor Avon paró de tomar apuntes, miró a Marcos.

Chloe frunció los labios.

-Tenía miedo- Marcos alzó una ceja sin creerse mucho lo que decía la chica. Chloe suspiró- en serio. No quería estar metida en este tema y pensé que si os lo contaría me haríais más preguntas y me acusaríais. Incluso en este momento tengo miedo de haber hecho algo malo. He metido la pata hasta el fondo porque ahora parezco una mentirosa pero tenéis que creerme. ¡Raquel vino a mi casa y me pidió las llaves! No quería que vierais algo extraño en eso y me inculparais de algo.

Avon siguió tomando apuntes a toda prisa, algo que le pareció ridículo a Marcos. ¿Es que tenía un cerebro tan pequeño que no podía retener mucha información? Ignoró el pensamiento y se centró en Chloe. No le había convencido del todo pero tampoco la podía culpar.

-¿Estás segura de que Raquel no te ha robado las llaves?- preguntó el policía de repente, mirando a la muchacha directamente.

-No, no. Tengo las llaves, mirad- Chloe se fue del salón a paso rápido. Los chicos se quedaron a solas y hubo un silencio un tanto incómodo ya que nadie sabía qué decir. En treinta segundos volvió la chica retintineando una llave- aquí está.

Marcos observó la pequeña llave.

-¿Dónde guardas las llaves?- le preguntó.

Harry se levantó del sofá.

-Eso está fuera del tema- le acusó.


-Tranquilo- le calmó su hermana casi regañándole- merecen saber todo después de haberles mentido- admitió ella mirando a los dos chicos- al lado de la puerta principal hay un pequeño armario colgado de la pared. Ahí guardamos todas las llaves.

-¿Y Raquel lo sabía?- preguntó el policía esta vez.

-Claro- respondió Chloe un poco sorprendida- éramos mejores amigas. Pero no me las ha podido robar, tengo la llave aquí- y volvió a tintinear las llaves.

-Bueno... Pero si no le hubieras dado las llaves Raquel no te hablaría en Facebook- le dijo el policía.

-No sé. Seguramente me lo dijo para que me sintiera mal por no haberla ayudado.

El policía Avon miró a Marcos y éste captó el significado de aquella mirada: el policía Avon tenía una teoría. Chloe parecía nerviosa cuando el policía la miró interrogante.

-Cuando vino Raquel a tu casa, ¿estuviste todo el tiempo con ella?

Chloe se quedó en silencio. Miró a su hermano y después volvió a mirar a Avon.

-Sí, ¿no? No creo que la haya dejado sola en algún momento. He estado en casa.

-Pero piensa. ¿No te has alejado de Raquel ni un segundo de su visita?

Chloe pareció entender la pregunta. Hizo memoria y no tardó en responder:

-Bueno... Cuando se presentó en la puerta de mi casa no sabía qué decir. La invité a un café y nos quedamos hablando en la cocina. Bueno, hablar es poco, estuvimos calladas casi todo el tiempo- rectificó- después fui al baño.

El señor Avon soltó una especie de grito y miró a Marcos triunfante.

-¿Y cuando volviste Raquel no estaba haciendo nada?

-Qué va. Estaba donde antes.

-Bueno. ¿Y después qué te dijo?

-Me pidió las llaves. Le dije que no y estuvo un minuto suplicándome. Cuando le dije que ni hablar se fue de casa.

-Ajá. ¿Y revisaste si estaba la llave en el armario?- le interrogó.

Chloe miró el techo y se quedó dos minutos pensando. No recordaba haber revisado la llave.

-No.

-¿Y dices que volvió dos horas después?

-Sí, dos horas más o menos- le respondió Chloe que ya entendía lo que quería decir el policía Avon- y la dejé sola otra vez. Me pidió un vaso de agua ya que me dijo que iba a hacer un viaje muy largo. Me fui a la cocina y le di un vaso.

-Y seguramente habrá colocado las llaves en su sitio después de hacer una copia- concluyó Harry, que estaba atento a la conversación- ¿eso es lo que queréis decir, no?


-Exacto- afirmó el policía Avon- Raquel es una persona muy inteligente.

-Pero entonces... ¿Queréis decir que Guiomar está en Liverpool? ¿En mi casa?- adivinó Chloe súbitamente pasmada. A Marcos también le costaba digerir la conclusión que había dado el policía Avon.

-¡Dios mío! Vayámonos ahora- exclamó Marcos dando un bruto brinco.

-Ahora mismo- aceptó el policía Avon. Chloe corrió a escribir la calle y el lugar de su casa de Liverpool y se lo tendió al señor Avon, que le dio las gracias.

Los dos hombres se precipitaron en la salida y se despidieron de los dos chicos. Marcos y el señor Avon salieron a la calle y se montaron en el coche, esta vez, con el señor Avon al volante.

Marcos cogió un mapa de uno de los cajones que tenía el coche. Lo revisó durante un minuto y habló entre dientes:

-Nos queda un largo camino por recorrer. En tres horas y media llegamos.



~~~



Todos estaban en la habitación de Harry a pesar de que eran las seis de la mañana. Los médicos estaban realmente enfadados e intentaba echarlos del cuarto ya que no era bueno molestar al paciente. Pero cada vez que les echaban, entraban de nuevo al cuarto para comentar a Harry una nueva novedad.

De modo que One Direction al completo, Bambi, Zac, Belén, Marii, Hayley, Anne, Allanah, Gemma, Des, Robin, Thomas, Nicole, Eleanor, Beth (que ya le habían dado el alta hacía unas horas con Zath, Emma, la familia de Emma y varios amigos de Harry.

Emma, que veía melancólicamente cómo Harry sonreía como un niño pequeño al enterarse de que iba a ser padrino de Zath. Notó algo en el hombro, dio media vuelta y se encontró con Allanah.

-Me gustaría hablar un momento contigo- le pidió ésta con cortesía y una sonrisa.

-Claro- asintió Em sin dudar y se dejó guiar por Allanah que la sacó fuera de la habitación- ¿qué pasa?

-Me iré de vuelta a Holmes Chapel ahora- le informó la chica con un aire nostálgico.

-¿Ahora?- se extrañó Em. No quería que Allanah se fuera por la presencia de Emma- has estado en el hospital esperando a que Harry despertara y ahora que lo ha hecho, ¿te vas? A él le gustaría que te quedaras.

-No es por ti- le dijo ella que sabía a lo que se refería Emma- es por mí. Yo... Te voy a ser sincera, albergaba esperanzas de que volviera a amarme. Esperé a que despertara para ver si seguía queriéndome. Pero, Emma, cuando se despertó lo primero que hizo fue buscarte con los ojos. Emma, él te ama.

¿Cuántas veces en los últimos dos días Emma estaba en una situación en la que no sabía qué decir? Se quedó sin aire por las palabras de la muchacha.

-Harry y yo no somos nada. Rompimos el año pasado- le dijo a Allanah mientras se persuadía a sí misma que no se hiciera ilusiones.

-Emma, ¿acaso no has visto cómo te miraba ahí dentro?- le dijo ella medio enfadada medio celosa mientras miraba la puerta de la habitación- por su mirada supe que deseaba que se fuera todo el mundo y quedarse a solas contigo. Él te ama, Em, y te envidio por eso.

A Emma le temblaba el labio, las piernas, los brazos, todo. Ojalá las palabras de Allanah fueran verdad pero no era fácil que todo volviera a ser como antes. Emma había estado ignorando a Harry durante un año. Es cierto que él la engañó por la muerte de Anna pero lo hizo por su bien. Un año era demasiada tortura. Se dio cuenta de lo que había hecho cuando Harry se quedó en coma. Se dio cuenta de lo que tenía hasta que lo perdió.

-Muchas gracias- le respondió ella con un hilo de voz. Para sorpresa de Allanah, la abrazó. Pero no duró mucho.

-Dale besos a Anne y a Harry de mi parte- le dijo ésta con una sonrisa forzada.

Emma asintió amigablemente y abrió la puerta de la habitación. Justo cuando iba a entrar la voz de Allanah le detuvo.
 
-Espera- Em se dio la vuelta de nuevo y la miró. Allanah le sostuvo la mirada aún con lágrimas en los ojos- cuando abraces a Harry, abrázale fuerte porque estás sosteniendo mi mundo.

Allanah se marchó corriendo sin parar de sollozar y Emma se quedó petrificada sintiendo el pomo en sus manos. Se quedó varios minutos mirando el punto fijo donde había estado Allanah.

-Emma, ¿qué haces ahí?- le dijo Marii dentro de la habitación al notar su presencia. Em salió de su ensimismamiento y miró a su amiga- vamos, que Harry quiere verte.
 
-Sí, voy.

Había muchísimo alboroto ahí dentro. La habitación no era muy grande por lo que todos estaban bastante apretujados. Pero a pesar del jaleo y de la cantidad de personas que se hablaban entre ellas, Harry le dedicó una sonrisa a Em. La chica se la devolvió, aunque se sentía tremendamente mal por lo que le había dicho Allanah. Después desapareció su sonrisa y el joven le hizo una seña para que se acercara y Emma obedeció. Cuando estuvo a escasos centímetros de Harry, éste le dijo:

-Me he enterado de lo de Guiomar.


A Em se le oprimió el pecho.

-Ya... Pero Harry, céntrate en lo tuyo, tienes que recuperarte.

-¿Sabéis algo de ella? Por el amor del Dios, ¡que la han secuestrado!- a pesar de que había alzado la voz nadie se había enterado.

Emma agachó la cabeza. No había olvidado lo de Guiomar ni siquiera en esos momentos pero no era bueno hablar con Harry de eso. Si él se ponía muy nervioso podía darle otro ataque.

-¿Sabes que vi a Guiomar cuando me atacaron?

Emma abrió los ojos como platos y miró a Harry como si no podía creérselo.

-¡¿Cómo?!

Harry le relató todo lo que había pasado. Le contó que cuando salió de la Universidad vio a Guiomar llorando y herida y que no pudo hacer nada porque alguien le atacó por detrás con una piedra. Em se llevó una mano a la boca.

-Supuse que te había atacado Raquel pero no sabía que viste a Guiomar... ¿Qué hacía ella? ¿Huir?

-No lo sé. Pero la encontré dos horas después de ser secuestradas. Cuando la había visto seguramente Raquel ya había matado a Elisabeth.

-Lo más seguro- asintió Emma aún algo impactada.

Harry también asintió por hacer algo y miró a Emma directamente a los ojos por segunda vez. Adoraba infinitamente los ojos azulados de Em, que era un color precioso. La dedicó una sonrisa y ésta se la devolvió, aunque sentía una alegría tan tremenda que sentía que debía de expresarlo con algo más que una simple sonrisa.

-Te he echado de menos- le soltó Em de golpe, borrando la sonrisa que tanto le gustaba a Harry.

-Yo te eché de menos todo un año- le dijo Harry en respuesta. A Em pareció afectarle bastante.

-Lo siento- dijo en un susurro.

Pero a Harry le daba igual cuánto tiempo tenía que esperar con tal de volver con Emma. Le agarró la mano y se lo iba a decir cuando Bambi pegó un grito ensordecedor.

-¡Ayyyyyyyyyyyyyy!- gritó la pelirroja. Harry y Em se asustaron ya que estaban ajenos a todo y se relajaron cuando vieron la cara de Bambi y comprobaron que se trataba de felicidad- ¡Gracias, gracias!- volvió a chillar y se lanzó a los brazos de Beth. Zath, que estaba en brazos del padre, soltó un ruidito que parecía una risa.

-¿Qué pasa?- preguntó Em tras ver la cara de alegría plasmada en todas las caras de los presentes.

-¡Beth me ha nombrado madrina de Zath!- anunció pelirroja con una sonrisa auténtica de felicidad- gracias, gracias- le murmuró a Beth y acto seguido le plantó un besito en la nariz al bebé.

-Gracias a ti. Fuiste quién me acompañó al hospital cuando rompí agua- le dijo ésta con una sonrisa.

Todos estallaron en vítores y aplausos pero se vio interrumpido cuando un grito infernal llenó la sala entera. No se trataba de un chillido de felicidad como el de Bambi sino un alarido de dolor y agonía.

Emma giró la cabeza hacia donde descansaba Harry. Lo que vio le hizo pegar un aullido de terror. Harry estaba convulsionándose brutalmente sobre la cama mientras que en la boca le salía un asqueroso hililo amarillento.


~~~


Marcos, sin mediar palabra, salió de coche en cuanto el policía Avon apagó el motor del coche después de aparcar. Habían llegado a su destino en dos horas y cuarenta y cinco minutos. Todo un récord, gracias a la velocidad con la que conducía el policía Avon.

El sitio se trataba de una hilera de pequeños y graciosos chalets aislado entre las montañas y el mar. Se trataba de casas de playas donde las personas iban en agosto a veranear así que actualmente, a principios de junio, estaba completamente vacío.

Las luces de las farolas empezaron a encenderse ya que estaba amaneciendo. Eso creaba una vista bonita y tranquila, justo lo contrario de lo que sentían Marcos y el policía.

-La número 5- indicó Marcos sin mirar a su compañero y ambos avanzaron a la fila de casas.
Rodearon la casa hasta quedar enfrente de la puerta principal, de cara a la playa. 

Profesor y policía se miraron. Marcos rezó interiormente que Guiomar estuviera dentro de aquella casa porque si no lo estaba no sabía por qué más lugares buscar. Su esperanza se había reducido a la casa que tenía enfrente. El policía Avon, por su parte, no sabía qué sentir. Nunca había estado en un caso parecido. Siempre había tratado accidente de coches o robos pero nunca un secuestro. Le pasó una pistola a Marcos. El policía se quedó con dos, uno se lo guardó en uno de los bolsillos del cinturón. Marcos abrió la puerta con las llaves que le había prestado Chloe. Con las manos temblorosas entreabrió la puerta con suma delicadeza para no hacer ningún ruido. El policía Avon entró primero.

-Despejado- le susurró.

Marcos accedió a la casa también y cerró la puerta tras sí, sin hacer ruido. Delante de ellos había dos direcciones: la escalera, que te llevaba a la puerta principal y una puerta, donde daba acceso al salón. Ambos se volvieron a ver.

-Yo miro arriba- le cuchicheó el policía.

Subió los escalones sin discutir con Marcos. Él, por su parte, se adentró al salón. Era bastante amplio y no había casi muebles. Simplemente un sofá, una televisión, una mesa con sillas y una maceta en una esquina así que Guiomar no podría estar escondida en ninguna parte del salón.

El salón daba a una terraza así que avanzó en silencio y abrió la puerta. No le hacía falta ni asomarse, era tan pequeña que no hacía falta ni buscar.

Retrocedió sus pasos, un poco decepcionado, y volvió a estar en el hall de la casa, como antes. No quería llamar al señor Avon por si había algo arriba pero él no volvía.
 
Observó la escalera y se dio cuenta de una cosa. Parpadeó para comprobar si era cierto y así era. La escalera tenía una alacena. Aplaudió para sus adentros y abrió la portezuela. El techo era tan bajo que tuvo que entrar agachado.

Olía fatal. El lugar estaba lleno de telarañas y cajas de mudanza. No había más donde buscar... Desilusionadísimo, salió por la puerta pero se olvidó de agacharse debido a la rabia y se chocó contra el techo del portón. Cayó de bruces y se quejó de dolor. Sujetó las manos contra el suelo para poder levantarse cuando notó algo en los dedos.

Se dio la vuelta para mirar y el corazón le dio un vuelco. ¡Era una trampilla! No lo había visto debido a la mala iluminación de la alacena. Abrió el portillo, que por suerte no se necesitaba llave, y se dio cuenta de que había unas viejas y estrechas escaleras que conducía a algo profundo y oscuro.


Notó que el miedo le invadía en todas y cada una de sus terminaciones nerviosas. Pero a pesar de ello, se movió hacia delante y se dispuso a bajar todos los peldaños. Conducía a un angostísimo y sombrío pasillo. No veía nada, todo lo que tocaba estaba asqueroso y, para rematar, el olor del lugar era lamentable. Pronto le entraron náuseas y cuando creyó que iba a vomitar vislumbró una pequeña lucecita. Se acercó lo más rápido posible y se dio cuenta de que daba paso a una pequeña habitación de cinco metros cuadrados aproximadamente.

Distinguió a una figura en la penumbra y de inmediato supo de quién se trataba.
 
Guiomar estaba en el centro de la habitación, atada a una silla. Tenía unas cadenas que le apretaban las muñecas para inmovilizar la mano. Guiomar parecía estar llorando de dolor. Marcos supuso que había sido agredida hacía muy poco tiempo.

Vio como la muchacha, sufriendo, agachó la cabeza sin parar de lamentarse hasta quedarse inconsciente. Ahí es cuando Marcos entró en acción.

jueves, 30 de octubre de 2014

88- Pillada con las manos en la masa.

Emma se levantó de la cama y sujetó el portátil, que estaba entre sus rodillas, para que no se cayera. Lo posó en una mesa de su habitación sin apagarlo aún.

-Marchémonos- sentenció Emma de pronto. Movió el ratón del portátil de modo que la flecha tocó el X de la pantalla. Antes de darle click, Nicole la interrumpió.

-¿No crees que deberíamos ver la conversación?- interpeló refiriéndose al chat que había mantenido Raquel con Chloe y que recientemente acababan de descubrirlo.

Emma suspiró, mirando la pequeña pantalla del ordenador. Tenía miedo de lo que podía haber en la conversación. ¿Y si descubría de una vez por todas que ella era la asesina de Elisabeth y que Chloe, la chica que pensaba que era inocente y le dio pena, lo sabía y la cubría? Sabía que de un modo u otro no le iba a gustar lo que iba a leer. Pero no podía ser tan cobarde, se trataba de un caso entre vida o muerte.

Así que, con lágrimas en los ojos por culpa del miedo y la angustia que cada vez crecía en su interior, cliqueó dos veces la barra de conversación con la mano temblorosa y al instante se abrió el chat de Facebook.

Emma decidió leer la conversación después de ver la reacción de Nicole y Thomas. ¿Pondrían cara de preocupación? ¿O de miedo? Pero pronto tuvo la respuesta. Un segundo después de abrir el chat, la confusión se plasmó en el rostro de sus amigos.

-¿Qué coño significa esto?- murmuró Nicole, visiblemente desilusionada.

-¿En serio? ¿Sólo esto? ¡Por un momento pensé que...!

A Em no le gustó sus reacciones, esperaba algo más. Quizás esperaba descubrir algo importante. Con unas expectativas muy bajas, leyó la conversación.

No era una conversación.

Sólo una simple frase. Gracias por nada.

Se alejó de la mesa un poco para asimilar lo que había leído. Eso le había mandado Raquel a su antigua mejor amiga hacía 15 días atrás. ¿Qué significaba todo esto?

Por otro lado, un Thomas muy perplejo miró a su compañera Nicole girando su cabeza media vuelta. Ésta le devolvió otra mirada llena de confusión y terror. 

-Tenemos que marcharnos- repuso Thomas mirando el reloj que adornaba su muñeca. Se levantó y puso ambas manos en las caderas, mirando directamente a Em- si tardamos mucho sospecharán. Vayámonos.

-Sí, esto al final ha resultado ser una birria- comentó Nicole, mostrando así su decepción- venga, apaga el ordenador y dejémoslo como estaba.

Emma obedeció sin decir una palabra. Se acercó a la mesa y sin mirar la pantalla siquiera, apagó el ordenador y después de esperar un minuto a que se cargara el portátil, lo cerró. Thomas lo cogió de sus manos y lo guardó en la cama en la misma posición. Después todos revisaron la habitación, estaba tal y como habían entrado.

Nicole y Em cogieron un par de camisetas para que no sospecharan de ellas.

Se despidió de Thomas y Nicole ya fuera del edificio y se montó en el Bugatti Veyron, el carísimo coche que le había regalado Harry casi un año atrás. Tiró las dos camisetas que había cogido a los asientos traseros y puso el vehículo en marcha.

Condujo durante veinte minutos y llegó a un barrio que estaba cerquísima de su casa. Había pasado mil veces por ese lugar. Conocía ese lugar a la perfección. Podía nombrar todas las calles y todas las tiendas acertadamente. Y, en efecto, era el sitio donde vivía Guiomar.

Cruzó la pequeña carretera que pasaba por el bosque y al minuto pudo observar la enorme casa de su mejor amiga. Parecía abandonada pero Em supuso que los padres de Guiomar se encontraban ahí metidos sin consuelo.

Iría a visitarles pero nunca se había llevado especialmente bien con los padres de su mejor amiga. Apenas se encontraban en casa, y si lo estaban, ni siquiera se dirigían la palabra. Además, nunca les cayó bien porque fueron unos malos padres. Por eso Guiomar era tan estrafalaria, fiestera y no tenía experiencia en casi nada (aparte del sexo, por supuesto). Emma dedujo que, si no fuera por ella, por Hayley y por Anna, Guiomar no estaría estudiando en la Universidad.

Pero, si no fuera por ella, tampoco estaría en peligro.

Apartó inmediatamente aquel pensamiento oscuro y siguió conduciendo, incrementando la marcha. En menos de un minuto vislumbró la pequeña casa donde vivían Marcos y Cass hacía tiempo. Pero poco tiempo después vio la mansión donde vivían ahora con la mujer-novia-ex de Marcos. No sabía qué era de ella ahora. Ni siquiera recordaba su nombre.

Aparcó el coche en la calle ya que no quería molestar a Marcos con meter su automóvil en su amplio y lujoso garaje. Salió del coche dejando su bolso ahí (ya que no lo necesitaba) y pulsó un botón que se encontraba al lado de la puerta. El timbre.

La puerta, para sorpresa de Emma, se abrió por sí sola. Alucinada por los progresos tecnológicos del mundo humano, entró al enorme jardín que le recordaba al de la Universidad de Sheffield y, posteriormente, a la mansión.

Cerró la puerta tras sí y miró a su alrededor. Había tantas direcciones y tantas puertas que no sabía a dónde dirigirse. Menos mal que Cass fue en su busca.

-¡Emma!- la saludó ella con una educada sonrisa a lo que Em flipó. Ya era la segunda vez consecutiva- ¿quieres hablar con mi hermano, no?

-Sí- le respondió ella secamente aunque sonrió y asintió con la cabeza. Cassandra le devolvió la sonrisa y la guió por la casa hasta dar con el salón. La puerta estaba cerrada y se distinguían dos voces. Pero Emma no sabía de quiénes eran. Lo primero que se le pasó por la cabeza era la novia de Marcos y Marcos pero más tarde se dio cuenta de que eran dos voces masculinas- espera, Emma.

Em apartó la mano del picaporte y miró a su antigua compañera de instituto. Recordó cómo la odiaba y cuántas veces había humillado a ella y a sus amigas. Pero ahora no sentía nada, ni siquiera rencor o frialdad.

-Dime.

-Me he enterado de... Lo que ha pasado. De verdad que lo siento mucho- empezó la chica. Con dos simples frases hizo abrirle los ojos a Emma: Cassandra ya no era la Cassandra popular del instituto, engreída, despiadada y molesta. Ahora era sencillamente Cassandra.

Eso era una enorme demostración de que las personas podían cambiar a bien.

Em la sonrió e intentó ocultar su sorpresa para no ofenderla. Cass le devolvió la sonrisa para reconfortarla.

-Muchas gracias, significa mucho para mí. Estoy segura de que Harry y Guiomar volverán a estar con nosotros.

-Claro que sí- afirmó ésta muy segura de lo que había dicho. Echó un vistazo a la puerta, como si viera lo que estuviera pasando, y entrecerró los ojos- si te aburres con mi hermano, ya sabes, ven con nosotras. Helena también está aquí- le dijo.

Em asintió agradecidamente y giró el pomo. Por cuarta vez en menos de diez minutos se asombró de quién estaba ahí dentro.

-Pensé que eras una amiga de Cass y por eso no fui a buscarte, perdona- se disculpó Marcos, pero Em ni le oyó. Se centró en el chico que estaba sentado al lado de Marcos.

-¿Policía Avon?- le reconoció la chica con una ceja alzada.

Era el mismísimo policía que les ayudó salir de la universidad para poder saber quién había fallecido.
.
-El mismo- le sonrió él. Educadamente, se levantó del sofá y le tendió una mano. Em se la estrechó, algo anonadada, y ambos se sentaron en distintos sillones.

-Me estaba comentando sobre cómo va el caso- le explicó el profesor. Al ver la cara interrogativa de Em le respondió sin más miramientos- pues mal, la verdad. No han descubierto nada aún. Hoy registrarán vuestro cuarto. ¿Has descubierto algo importante?- le preguntó él sabiendo que habían acordado eso mismo la noche anterior.

Por la cara que puso la chica, el policía Avon y Marcos juntaron sus cabezas para escuchar mejor, intrigados.

-No he descubierto nada importante- apuntó ella finalmente para decepción de los dos chicos- pero he descubierto algo.

El profesor entornó los ojos y dio una cabezada para que Em prosiguiera.

-Di- respondió, en cambio, el policía, algo intrigado e interesado.

Emma les contó lo que habían hecho Nicole, Thomas y ella y lo que habían visto en el Facebook. Acto seguido se dio cuenta de lo que había contado. ¡Estaba delante de un policía y había investigado ella sola un caso de policías! Se tapó la boca y miró a Marcos pidiendo ayuda.

-No voy a arrestarte ni nada- bromeó el policía Avon. Marcos también se rió, como si fueran amigos de toda la vida- entiendo lo que has hecho, es normal. Además, los policías han dado el asunto como un caso perdido. Pretendo investigar por mi cuenta con vuestra ayuda... Y aparte de todo esto... ¿Raquel sólo le dijo Gracias por nada?

Emma se admiró por aquel policía pero no le dio tiempo a reflexionar un poco más.

-Pero Chloe me dijo que no había hablado con Raquel desde hace más de un año y medio...- consideró Marcos, atónito a lo que acababa de oír.

-Te mintió- confirmó el señor Avon con una mueca- pero si Raquel le dijo eso a Chloe significa que habían hablado anteriormente ya que Raquel le dio las gracias.

-Te equivocas, no dijo gracias sino gracias por nada- impugnó Emma, corrigiéndole- al parecer, Raquel le pidió ayuda y Chloe lo rechazó. ¿No es así? Tiene sentido.

-Si fuera así, Chloe me lo hubiera dicho.

Marcos tenía razón. ¿Por qué Chloe le ocultó a Marcos que Raquel le había enviado un mensaje hacía 15 días? ¿O quizás un mensaje pidiendo ayuda? Chloe, al parecer, no la había ayudado así que no había cometido ningún delito...

-Em, en el chat de Facebook, ¿sólo diste con esta frase? ¿No había ninguna conversación de días anteriores?

La rubia hizo memoria. En efecto, cuando abrió la conversación, sólo encontró la frase dañina que le mandó Raquel a su antigua mejor amiga. No había nada más en el chat. No habían hablado anteriormente, y si habían hablado, se había borrado.

-No, no había nada más- dijo Emma, finalmente, revalidando con su respuesta.

-¿Te pondrás en contacto con los demás policías para ir en busca de Chloe?- le preguntó Marcos al chico, esperanzado.

Pero Emma ya tenía clara la respuesta. La tenía estampada en la cara del policía Avon. Era un claro y rotundo “no”. Les lanzó a ambos una mirada triste y se justificó.

-Lo que ha hecho Emma es un quebrantamiento grave de la ley- atestiguó el señor Avon con una voz algo rara e infrecuente- si le decimos lo que hemos descubierto lo mínimo que pueden hacer es meter a Em en la cárcel.

-Oh, vamos- masculló la chica, estupefacta- sólo he cotilleado un poco el Facebook de Raquel.

-Puede parecerte una tontería pero has violado muchas normas. Has invadido el espacio personal de una persona, te has sometido en un caso policial indebidamente, has tocado los objetos de la sospechosa y posible asesina.

Em levantó una ceja a pesar de que el agente Avon la estaba intimidando. ¿En serio la meterían en la cárcel sólo por intentar avanzar el caso que llevaba días sin progresar? Por primera vez en su vida, le invadió un odio hacia la ley inglesa. ¡Qué injusto!

-¿Entonces que haremos? ¿Quedarnos de brazos cruzados?- inquirió Em llena de rabia- ¡prefiero que me metan en la cárcel!

-No. Marcos y yo podremos ir a Castle Combe y hablar con Chloe Collins- le dijo el policía Avon en un intento de calmarla, y lo consiguió.

-Pero... ¿y si os pasa algo?

-Oh vamos, ¿y qué nos va a pasar? Además, soy policía- intervino el policía con un toque irónico- y tengo armas.


-Mañana emprenderemos el viaje- confirmó Marcos, estando de acuerdo con el policía Avon- Em, es de noche, es hora de que te vayas a casa.

-Sí- respondió algo eufórica y llena de adrenalina. Estaba un poquito preocupada por ellos pero, en el fondo, se alegraba muchísimo de que los dos fueran a investigar un poco el caso. ¿Y si descubrían algo? O mejor aún, ¿y si la encontraban? Les daría mil besos a cada uno- ¿puedo ir con vosotros mañana?

-No Emma- le dijo Marcos inmediatamente- podrías poner nerviosa a Chloe y no nos contará nada después- le explicó él tras ver la cara de su amiga. Era una mentira a medias, el principal motivo era que no quería ponerla en peligro ni meterla en líos. Sólo tenía 18 años.

-Venga ya- protestó ella.

-¿De verdad que quieres perder el tiempo discutiendo?- le preguntó Marcos retóricamente. Emma suspiró, enfadada y frustrada.

-Bien- masculló con las venas palpitándole- pero infórmame de todo. De TODO. Aunque no sea importante.

Marcos alzó el pulgar y el policía y Marcos la acompañaron hasta el coche. Em se montó en él y se despidió de ellos sin decir ni una palabra más. Estaba muy enfadada. ¿Por qué siempre la mantenían al margen?

Condujo algo cansada por el día movidito que había tenido. Tardó veinte minutos en llegar a su destino: el hospital. Una vez dentro, optó por subir las escaleras hasta la primera planta, la cafetería.

-Un café con leche, por favor- pidió educadamente a la señora joven que le atendía. Pretendía estar despierta toda la noche para estar con Harry. Se sentía muy mal por haber estado todo el día fuera, aunque fuera para investigar el caso de Guiomar.


-Aquí tiene- respondió la dependienta un minuto después, tendiéndole un vaso pequeño de café caliente. 

Emma lo tomó con cuidado para no quemarse y subió por las escaleras a unas cuantas plantas más mientras soplaba el vaso para que el café se enfriara.

Llegó al cuarto de Harry en cuestión de minutos. En la habitación sólo estaban Anne y, desgraciadamente, Allanah.

-Hola, Em- le saludó Anne en cuanto vio a la muchacha entrar con el vaso en la mano. Se levantó del sofá en el que estaba sentada y la abrazó. Allanah se limitó a darla una cabezada en señal de saludo y Em se la devolvió.

-¿Cómo está?- le preguntó Em mirando de reojo a Harry. Parecía un niño dormido, al parecer, respiraba con regularidad. Al verle así, Emma se sintió en paz. Tomó un asiento y la acercó a la camilla para situarse al lado de Harry. Al no obtener respuesta de Anne, la miró.

-¿Podemos hablar fuera un momento?- le respondió, en cambio, con otra pregunta segundos después.

Emma notó que le faltaba el aliento. Tuvo la sensación de que algo malo ocurría y por eso mismo miró a Allanah. La chica no le devolvió la mirada sino que observó el suelo como si estuviera obligada. Un miedo intenso atrapó a Em, que se levantó de la butaca y, con Anne, salió al pasillo.

-¿Qué ha pasado?- le preguntó ella con prisa, temiéndose lo peor. Le escocían los ojos pero Em se obligó a no llorar.

Anne torció los labios y su mirada se posó en un punto fijo.

-Ayer recibí una... Noticia- masculló ella como si fuera ácido. Anne no sabía cómo pronunciar las mismas palabras que le dijo el doctor. Simplemente era imposible. No podía decirle a una chica que amaba a su hijo que éste se iba a morir al día siguiente o al otro si no se despertaba.

Sólo le quedaba dos días. ¿Cómo se lo iba a decir a Emma?

-Anne, por el amor del Dios, me estás preocupando. Dime que está pasando- le rogó ella con suplicia y terror en la voz.

Anne tuvo la tentación de tirarse al suelo y echarse a llorar pero tomó aire para...

-¡¡Anne!! ¡Anne! ¡Emma!- chilló una voz femenina en el interior de la habitación donde dormía Harry. Allanah salió de la estancia y las miró con lágrimas en los ojos- tenéis que entrar.